15 oct. 2011

Más que al momento de hacer el amor, lo interesante viene después. Cuando terminan a mí me gusta quedarme quieta esperando, que marquen el paso a ver si ganan o pierden.


¿Qué vas a hacer, quedarte o irte?
¿Dormir o platicar?


Los hombres y las mujeres que pasan por mi cama son siempre muy diferentes, a veces sí se repite el tipo pero me gusta más la variedad. A veces me gusta apostar con mi hermano qué pasará después de coger. Nos vamos al antro, al bar, al parque; elegimos a alguien que nos guste. Cuando es una mujer él casi siempre apuesta a que se enamora, si es un hombre al revés. A mi me aburre tanto prejuicio, por eso practico bien la manera de abordarlos, no me gusta perder.
Admito que si son hombres es más fácil. Me acerco, una mano en el muslo y se encienden, una mirada, una sonrisa, me voy, me siguen y ya está. Si quiero que se enamoren les doy el mayor placer, les digo que nunca jamás había sentido lo que siento, que me mojan como nunca. Los muerdo, los lamo, los chupo. Cuando acaban la primera en irse soy yo, Cuándo te vuelo a ver me dicen, ahí es momento de escoger: si son muy machos, Cuando te hagas más hombre wei; si son más sensibles me hago la pudorosa, tanto que hasta piensan que soy virgen. Se les olvida que me acaban de coger.
Las mujeres son más tramposas; como no se les nota y temen pasar por putas casi siempre hacen como que no quieren. Con ellas sí procuro ser más delicada, suficiente tienen con tanto estigma social como para yo andarlas ofendiendo. Si no te voy a pagar preciosa, ¿puta de dónde? Aunque la verdad sí hay muchas que se acuestan con uno por un sentido muy deformado del deber. Si les invito todo y prometo amor eterno ya está, fácil. Qué asco. Me gustan más las mujeres que saben lo que quieren, lo admitan o no. Ahí el truco general es invitarlas a bailar. Las haces girar, girar, girar hasta que recuerdan que el mundo no existe; si ando femenina me pongo en medio de la pista y ellas vienen, si ando masculina las dirijo al centro de la pista y el premio. Listo, qué ricas son las mujeres. Lo difícil viene después, la decisión: con ellas todo depende. Si soy muy honesta y les cuento de todos mis amantes a veces se enamoran a veces me cachetean. Si soy más bien indiferente y en la cama les hablo como amigas, a veces se enamoran a veces se arrepienten. Si las desprecio, Fue cosa de una vez, a veces lloran, a veces se ofenden.  Lo que nunca falla pero jamás hago es eso de llamarlas putas, funciona sí pero provocan la muerte. A mi casi siempre me adjudican sangre, pues ni modo que me manchen si quieren pero la verdad yo no mato a nadie.
Total, hombres o mujeres. Todos somos hombres o mujeres y a casi todos nos gustan o los hombres o las mujeres, pueden ser de esta o de otra especie. Yo tengo muchos disfraces y me gusta la variedad aunque casi siempre me ven más mujer. No tanto por femenina, más bien por joven. Pero recuerden yo tengo mucos disfraces, y me gusta la variedad.
Lo que sí no me gusta es que me traten tan mal. Casi siempre me veo joven, me veo bien pero tengo que andar por lo bajo, escondida. Me queman, me muerden, me aplastan, me persiguen, me condenan; pero a ese otro wei, hijo de mi madre, a ese lo tienen bien alto. A veces tanto que ya ni lo alcanzan, tanto que se ha vuelto vapor arrogante y si alguna vez cae, las pocas veces que cae, ya ni lo reconocen. Le pusieron tantas mantas, tanto maquillaje que está muy jodido el pobre y ahí voy yo como buena hermana a tratar de ayudarlo, pero con tanto chisme que le llega y tan poco que está acá abajo a veces ya ni me reconoce. Pobre, se le olvida que somos de la misma madre.
Cuando lo veo ya muy asustado me le acerco despacio, me desnudo y me quedo ahí muy quieta. Me coge y me mama hasta que se pone fuerte y mientras lo hace casi ni cuenta se da que lo voy desvistiendo; uso su sudor como agua para quitarle la cara de payaso que le ponen. Se tarda mucho él, es muy minucioso pero si no lo ayudo parecemos película porno, puro jadeo y movimiento, nada de mí. Total que cuando acaba -en esas primeras ocasiones yo ni empiezo, me da asco que se vea tan feo- ya está desnudo y limpio, guapo, atractivo, deseable. Lo rico de él, es que no me tengo que andar esperando. Ahora sí es turno de los dos, el mejor sexo de mi vida, eso sí es hacer el amor. Después, platicamos como hermanos, como amigos. Nos reímos y apostamos. La que juega soy yo, él nunca quiere, se queda lejos viendo pero de puro nada más ver se le va olvidando lo que es esto y otra vez se va elevando, otra vez nos van separando.


Otra vez, otra vez, y así siempre otra vez.

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