20 jun. 2011

Carta de amor para ti

Te amo, mi sentimiento es como un reguilete al viento, siempre girando.

Te amo con dulzura y con pesar, con pasión de sangre densa, lenta y larga.

Te extraño. Tu esencia me llama como planeta al sol; la vida es desierto cuando te alejas y cuando vuelves tu mirar cae la noche sobre la arena; todo florece bajo el amparo secreto, fulgurando el corazón.

Te extraño, desapareces en místico vapor como los genios de Oriente. Sin volver te pierdes en los reinos del olvido y yo con el afán de irte a buscar me veo de pronto capturada entre paredes de ausencia, acorralada por cuchillos de razón, de pasión y de amor abandonado.

Te quiero tanto, que quisiera abandonar este mundo ficticio; elevar mi cuerpo por los aires, al espacio y dejarme caer. Desaparecer antes de terminar la vida humana, sentir vértigo, el aire rasgándome la cara y después, el agua envolviéndome, acojinando el existir.

Puedo morir sin ti una vida miserable y puedo vivir contigo una muerte apasionada.

El sacrificio: la renuncia del cuerpo o la renuncia del alma.

¿Cuál elegir?

Necesito distensión.

Necesito abandonar el amor y la vida, sentir cuál carga menos pesar.


Así se ha degenerado el antiguo amor de los poetas: cálculos y razonamiento, placer y temor por el instante; la pena negra amarga y rastrera que detiene y mata la eternidad. 

5 jun. 2011

Espera


Un cuarto para las tres y en la estación Cuauhtémoc una mujer espera. Mira como ciega a las personas del andén. Se estremece poquito cada vez que el metro llega. Espera, espera. Los ve partir; nadie.

Escucha el susurro de la gente y a lo lejos la ciudad, los carros, el aire. Cuando llega un nuevo grupo de gente,  en manada  van escaleras abajo y el aire se vuelve más pesado, más caliente. Espera, espera; la tres.

Contempla sus manos, sus uñas. Roza las yemas de los dedos con las palmas de las manos quedito, con cuidado. Se concentra. De pronto el silbato la distrae.  Espera, llega, se va; ahora él la está mirando. Le sonríe, le hace una seña, la esperará abajo.

Ella está a punto de seguirlo cuando de pronto escucha un nuevo silbatazo, se estremece y voltea. Ahora, por su lado, se aproxima. Ella lo observa, lo ve acercarse. Cada vez más grande, más rápido, parece como si se ensanchara cuando penetra en la estación.
Abajo él la espera; ella se ríe. Las puertas se abren, un nuevo grupo de gente. Baja con ellos; calor.

__Quizás ese hombre tenía razón__  piensa, __sí hay sexo en todo.__
Se va.