16 oct. 2009

Casa vacía y manzana devorada

Que rico es tener una casa vacía. Cuando en la casa sólo se encuentra uno, el amante, que ya es casi pariente de la puerta trasera (en el mejor de los casos) puede entrar erguido por la puerta principal. Si ese fuera el caso podría yo presentarlo con mi gata, con mis flores y yo gozaría, pero no, lamentablemente yo sufro con una casa tomada. No así como en el caso de aquél magnífico cuento, donde los invasores no tienen ni cuerpo ni rostro, mi casa está tomada por los dueños del viejo pensamiento. En mi casa viven el pudor y el temor al sexo, en mi casa se encuentra la incomprensión al deseo carnal, sobretodo si esa carne comparte un suave parecido con la mía.

Entiendo bastante bien el dolor o incomodidad que debe sentir el manzano si frente a él alguien come su fruto pero mi pregunta es al árbol. ¿No prefieres saber qué boca muerde a la manzana? ¿No es más reconfortante ver que tu fruto nutre un cuerpo bello y una mente sana? Mejor saber, que imaginar a aquella delicia roja siendo devorada por cerdos.