26 dic. 2011

Carta


Cómo quisiera nombrarte, que me escuches nombrarte y respondas con un mirar, aunque sea reacio, indiferente, lleno de olvido pero aún así un mirar. A veces creo que sería preferible a la pupila fugitiva que inútilmente se esconde y lee imágenes en silencio como huyendo  de un penar que en realidad no existe.
Piensas que hay un cuchillo en mis manos, piensas que me hiere por el rojo que gotea, no te das cuenta que yo solo sostengo flores y lo rojo son los pétalos que caen.
Corres tan rápido tan llena de miedo que eliges un camino sin ver que estás en un mundo de caminos donde todos llevan al mismo lado. Eliges un camino sin sentirlo, solo lo ves y corres. No puedo perseguirte, de alcanzarte tendría que seguir tu camino sin sentirlo y morirían mis flores, o trataría de convencerte para que sigas el mío, pero sería como forzar una pieza donde no encaja.
No puedo hacer nada más que caminar y dejar tras de mi el rastro rojo de flores. Cantar, quizás, otros nombres que no son el tuyo esperando que aceptes tu vanidad como fuente de verdades aproximadas. Soñar y desear que el eco de esos sueños llegue a algún lado, al mismo lugar que todos los caminos que no llevan a ninguna parte. 

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